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La gestión integral de riesgo es una disciplina que va cobrando cada vez más importancia en las organizaciones, llegando a ser una de las áreas emergentes en lo que a gestión empresarial se refiere y uno de los factores a considerar en aquellas organizaciones que definen su estrategia en su Cuadro de Mando Integral.
Las organizaciones no han de perder de vista que se encuentran en un entorno cambiante en el que la previsión y control de las circunstancias sobrevenidas puede suponer una diferencia y ventaja competitiva, así como un elemento de supervivencia frente a la competencia. Hay que recordar que un riesgo es la posibilidad de que un determinado fenómeno o circunstancia se materialice dando lugar daños o perjuicios.
¿Qué tipos de riesgos puede afrontar una organización?
Existen una serie de tipologías de riesgos que pueden ser más o menos aplicables en cualquier organización. Así, se puede hablar de riesgos económicos, legales, tecnológicos, sociales, etc. Un riesgo puede ser desde un cambio en la regulación legal de la actividad a un cambio en los hábitos de consumo de nuestros potenciales clientes. La concreción de los mismos dependerá de las circunstancias de la empresa, su rubro, el contexto en el que se sitúe.
Cuando una empresa adopta una estrategia de gestión integral de riesgos, trabaja en varios aspectos a la vez. El primero de todo es conocer adecuadamente a la organización y todas las fuentes potenciales de riesgo y de este modo, no dejar ningún elemento de la organización o de su entorno sin analizar. Esta fase y la siguiente son clave para todo el proceso de gestión integral de riesgos.
El siguiente paso es la identificación de todas las fuentes de peligro para la organización, clasificando las mismas en función de la probabilidad de ocurrencia y la magnitud del daño que potencialmente puede acarrear.
Este acercamiento a los riesgos nos va a ayudar a conocer la prioridad con la que vamos a tener que actuar en los mismos. Una organización no actuará de igual forma sobre un riesgo en el que los daños ocasionados son leves y su probabilidad es baja, que sobre otro para el que las consecuencias pueden ser nefastas para el negocio y que tiene mayor posibilidad de materializarse.
De este proceso resultará un análisis pormenorizado de cada uno de los riesgos de la organización y ahora lo que tocará es definir las estrategias que se pondrán en marcha en función del objetivo a alcanzar con el riesgo: asumirlo, mitigarlo o eliminarlo.
Las estrategias de asunción de riesgos no son las que predominan en las organizaciones con éxito. Esta estrategia suele ser aplicable a aquellos riesgos sobre los que la empresa no puede materialmente actuar o cuya incidencia y probabilidad es despreciable frente a otros riesgos.
Las estrategias de mitigación y eliminación son aplicables a aquellas situaciones en las que el riesgo se puede controlar y actuar sobre su potencial dañino o sobre su probabilidad de materialización.
Finalmente, la última fase es la de control de las acciones puestas en marcha y la reevaluación del riesgo para determinar la eficacia de las mismas y valorar el riesgo de nuevo una vez aplicados los controles definidos.
Normalmente, la actuación sobre un riesgo va a precisa de una serie de recursos, ya sean económicos, materiales o humanos, y habrá que valorar si el esfuerzo realmente resulta rentable para la organización y si los resultados son los esperados.
Además, no es una actuación aislada que da lugar de forma rápida a esos resultados. Suele ser un proceso continuo que necesita de la implicación y compromiso de la alta dirección y de todos los implicados en los riesgos.
Aquí, cobran vital importancia aquellas acciones de comunicación bidireccional entre todas las personas que participan en la gestión de riesgos porque se ha de trabajar para gestionar los cambios que se producen en la organización y en sus procesos internos, así como aquellos elementos externos a ella que pueden afectar a los riesgos detectados y priorizados sobre los que se está actuando.
Con toda esta revolución normativa, es de esperar que todas las organizaciones se tengan que adaptar a esta nueva moda que ha venido a quedarse. Para ello, la labor de afrontar los riesgos empresariales ha de ser percibida como una oportunidad para la mejora a través de los cuales se llegue a una posición más productiva y en la que se puedan tener mayor control de las circunstancias y, de este modo, hacer que la gestión de la organización se realice desde un mejor conocimiento de las dificultades a afrontar.
GRCTools: plataforma para la gestión de riesgos
El software GRCTools permite la automatización de la gestión de riesgos en las organizaciones. A través de sus diversas aplicaciones, es una herramienta a considerar para la identificación y valoración de los riesgos, así como la planificación de las acciones a acometer para tratarlos.
Debido a su versatilidad, puede integrarse con otros elementos de gestión, optimizando los recursos asignados, simplificando y acortando los pasos. Ayuda a no perder de vista que trabajar adecuadamente con los riesgos es un distintivo de las organizaciones que conocen su entorno y circunstancias y que ocupan lugares privilegiados para ser las menores en su sector.
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